24 jun. 2006

Nicolás Copernico

Astrónomo polaco a quien se debe la formulación de la teoría heliocéntrica, es decir el haber desplazado el centro del Universo desde la Tierra al Sol, encaminando esa revolución que, en el término de dos siglos, a través de la contribución de Galileo, Kepler y Newton. conducirá a una renovación total de las bases de la astronomía.

La centralidad del Sol no es una idea original de Copérnico, ya fue adelantada por los antiguos filósofos griegos desde el siglo u a. J. C.



En la antigüedad, el más importante sostenedor de un sistema heliocéntrico del Universo fue Aristarco de Sarros quien, tomando las concepciones de Heraclides del Ponto, afirmó que todos los planetas, comprendida la Tierra, giran alrededor del Sol.

En la época de Copérnico aún imperaba el sistema de Claudio Tolomeo quien negaba a la Tierra cualquier movimiento, tanto de revolución como de rotación alrededor de su propio eje y la ponía en el centro de las rotaciones realizadas por los planetas y el Sol a su alrededor. Para explicar el movimiento de las estrellas, Tolomeo !as imaginaba fijas a una esfera celeste que también estaba animada de un movimiento rotatorio.

El sistema tolomeico estaba complicado con otros mecanismos. Por ejemplo, para explicar el estacionamiento y el movimiento retrógado de los planetas en determinados períodos del año, el astrónomo griego debió atribuir a cada planeta dos movimientos: uno circular (epiciclo) alrededor de un punto; el otro, desde este punto sobre una órbita circular, pero excéntrica, con respecto a la Tierra inmóvil (excéntrico). Copérnico se dió cuenta que el movimiento de los astros es una mera apariencia: en su obra más importante «De revolutionibus orbium caelestium», publicada en el año de su muerte, dice: «...cuando un barco navega sin sacudidas, los viajeros ven moverse, a imagen de su movimiento, todas las cosas que les son externas y, a la inversa, creen estar inmóviles con todo lo que está con ellos. Ahora, en lo referente al movimiento de la Tierra, de manera totalmente similar, se cree que es todo el Universo íntegro el que se mueve alrededor de ella...» Copérnico, contra lo que pueda pensarse, fue inducido a abandonar el sistema tolomeico, porque se dio cuenta que los resultados de sus observaciones astronómicas diferían de las posiciones de los astros calculadas según aquél sistema. Por lo tanto, desplazó el origen de las rotaciones del centro de la Tierra al centro del Sol, sin renunciar sin embargo a los movimientos circulares.

Pero aún acercándose de esta manera a la realidad, no logró encontrar la razón de los movimientos aparentes de los astros, por lo cual tuvo que recurrir a los epiciclos. Será mérito de Kepler, algunos años más tarde, intuir la forma elíptica de las órbitas y archivar para siempre los complicados esquemas epicicloidales.

La biografía de Copérnico presenta muchas lagunas e incertidumbres, a partir de su nacionalidad que, según algunos estudiosos, no es polaca sino alemana. Nace probablemente en 1473 en la ciudad libre de Thom, entonces en territorio polaco, y después de haber realizado los estudios en la universidad de Cracovia, fue a perfeccionarse a Italia, donde se quedó durante ocho años, entre 1496 y 1503, frecuentando los ateneos de Bolonia, Roma, Padua, y Ferrara. Típico exponente de la cultura del renacimiento, se interesó en muchas disciplinas: medicina, teología, derecho canónico y astronomía. Conocía perfectamente el latín y el griego y estudió a los clásicos directamente en las fuentes. En Bolonia realizó observaciones astronómicas junto con D.M. Novara, titular de aquella cátedra de astronomía. En 1505 volvió a su patria donde obtuvo una canonjía en Frauemburg. Algunos años más tarde heredó bienes de su tío obispo y se aseguró una vida desahogada. Durante veinte años, desde 1509 a 1529, Copérnico acumuló observaciones astronómicas y medidas para confirmar su teoría heliocéntrica. En 1533 circulaba un resumen de ésta con el título «Commentariolus», que llegó a las manos del Papa Clemente VII. Recibió, por parte de varios estudiosos, exhortaciones y estímulos para publicar su obra completa en seis libros y, después de muchas resistencias, se decidió a confiar el manuscrito a su amigo Tiedmann Giese, obispo de Kulm, que encargó al pastor luterano Andre Osiander realizar la impresión en Nuremberg.

Este temiendo el impacto de la nueva doctrina sobre la cultura de la época, escribió por iniciativa propia un prefacio a la obra en el que advertía al lector que las ideas del autor debían considerarse puras hipótesis, no necesariamente verdaderas y ni siquiera verosímiles. Copernico no leyó este prefacio, ahorrándose una preocupación más; el libro fue publicado poco después de su muerte el 24 de mayo de 1543.

El "De revolutionibus", se convertirá en el punto de partida sobre el que Galileo basará su lucha para la reforma de la astronomía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

es ptolomeo

Anónimo dijo...

Puras mamadas ni es ciertos y ni vi los puntos d.."a q no sabias q"

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